Competición Cuenta cuento…

Os doy las gracias a todos por los cuentos fantásticos. Mi colega Esther y yo pasamos buen tiempo leyéndolos y al final hemos elegido el mejor cuento de cada grupo. Entonces, tenemos aquí cuatro ganadores. Son los siguientes:

Irma Hellman de Suecia

Nina Tranová de Chequia

Martine Karlsen de Noruega

Javier Vicente Mora de España

De los cuatro el que más nos ha gustado es el cuento de Irma Hellman. Es poético y a la vez alarmante. Está lleno de búsqueda y de esperanza. Todos estamos en el camino buscando algo y a veces es algo tan simple y sencillo como en el relato de Irma EL SOL. Después de leer vuestros cuentos está claro que el futuro lo tenemos en nuestras manos y la responsabilidad por lo que nos rodea todos nosotros sin exepción.

Los premios se entregarán en Valencia..

Opava, 3-2-2017 Kamil Plaček

Nina Tranová

Había una vez…

Había una vez un niño malo que contaminaba la naturaleza. Dijo que la naturaleza y el medio ambiente no eran importantes. Cuando volvía de la escuela tiraba la basura justo donde él quería, cortaba las flores, no separaba la basura, usaba las bolsas de plástico, no le importaba. Un día, algo extraño sucedió. El niño iba a la escuela, como todos los días, pero de repente oyó una voz. Era la Madre Naturaleza, y ella le dijo que si él actuaba así todos los días, destruyendo el medio ambiente, iba a enseñarle cómo sería el mundo si todos se comportasen como él. Cuando el muchacho cerró los ojos, vió cómo los adultos cortaban selvas tropicales y cómo morían todos los animales. En todo el mundo había basura y el país se había convertido en un gran depósito de residuos, de cosas que nadie quería. Tampoco había muchas personas, ya que la atmósfera también había sido destruida, contaminada, mala. El muchacho despertó de la pesadilla y desde entonces ha respetado el poder de la Madre Naturaleza. La pesadilla sí, puede convertirse en la realidad. Por eso ten más conciencia acerca de la Madre Naturaleza, y de las generaciones futuras, porque la Tierra es una sola.

Javier Vicente Mora

Paraísos de color gris

Paré y cerré los ojos. Ante mí, se extendía un inmenso bosque, de árboles tan altos que casi rozaban el cielo azul y claro. Formaban una red de ramas entrelazadas por las que monos y lémures corrían, persiguiéndose, saltando de un lado a otro. Entre el verde de las hojas húmedas caídas y el musgo encima de las rocas, resaltaban los colores vivos de las flores silvestres, que crecían por todas partes: rojo fuego, morado amatista, azul mar… Comencé a andar, sin dar crédito a lo que veía. Ríos de agua corrían por todos lados, bajando por las rocas, formando cascadas. ¡Nunca había estado en un lugar tan vivo! Una suave y fresca brisa de aire puro acariciaba mi cara, llenando de oxígeno mis pulmones. Por todos lados se escuchaba el cantar de los pájaros, que volaban tan alto que no alcanzaba a verlos.

Y, de repente, abrí los ojos y todo se esfumó. Los altos árboles se habían convertido en rascacielos, tan juntos que no dejaban ni ver la luz de sol. Por encima de ellos, se extendía un cielo oscuro y opaco. Las flores silvestres habían desaparecido y en su lugar, tan solo había basura y suciedad. El verde ahora era el negro y gris del cemento y el acero, y, los únicos colores, eran los de los carteles luminosos de publicidad colocados aquí y allá, queriendo atraer la atención de la gente. Los ríos eran ahora mareas de gente que caminaban con prisa, cada uno en una dirección, sin saber que todos se dirigían al mismo lugar. Tan absortos en sus móviles y en ellos mismos que no se daban cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Los pájaros ya no cantaban, sino que huían de los coches y de las motos rugientes que pasaban a toda velocidad por las avenidas, pitándose unos a otros. Su humo negro inundaba el aire, cambiando la suave brisa de aire puro por un vendaval gris que solo podía hacerte toser.

¿Qué sociedad tan ciega puede haber transformado un paraíso en un mundo tan triste?

Martine Karlsen

La generación ciega

Es jueves por la mañana y Marcelo está en el piso de su abuelo. Marcelo está enfermo y su abuelo está cuidando de él mientras sus padres están trabajando. Ahora Marcelo está aburrido y por eso su abuelo saca un libro antiguo y cubierto de polvo.

El abulo ¿Comó podía olvidarme esto?

Marcelo ¿Qué es esto?

El abuelo Es un álbum de fotos de mi infancia en el temprano siglo XXI. Cuando tenía más o menos de la misma edad que tú, mis padres y yo viajábamos a mucho varios sitios. En esto libro es fotos de todos los viajes y los excurciónes.

Esto no le impresiona, porque cree que su abuelo quere presentar un álbum que tiene un

sinfín de fotos de él y su familia delante de rascacielos grises y desiertos largos. Sin embargo

no dice nada, porque su abuelo tiene una expresión contenta. Su abuelo se senta al lado de

él y empieza a hojear en el álbum. Una foto capta la atención de Marcelo.

Marcelo ¿Dónde sacabas esta foto? No he visto este sitio. ¡Espera! Creo que he visto este puente en mi libro de historia..

El abuelo Me sacaba en Venecia. No sé que lo has escuchado, pero hace cuarenta años fue una ciudad grande y muy famosa en Italia.

Marcelo ¿Qué pasaba de Venecia?

El abuelo El calentamiento global. Ahora la mayor parte de lo que era Venecia está por debajo del mar.

Marcelo ¿En serio? ¿Comó puede ser?

El abuelo Pues, el calentamiento global era un proceso que se pasaba durante un periodo largo. No sé cuando el proceso empieza, pero durante mi vida siempre ha sido un caso importante en las noticias. Primero la gente decía que el cambio climático no era una consecuencia de los problemas ambientales causaba de la humanidad, pero en los años siguentes salía de dudas que el calentamiento global era un efecto de la industria perjudicial, de la destrucción de la selva, de la contaminación del aire y del agua, y otras acciónes humanas. Este causaba un aumento de la temperatura global, que tambíen causaba consecuencias catastrofales que el aumento del nivel del mar, de la extinción de muchas especies y el aumento del tiempo extremo.

Marcelo ¿No hacíais nada para impedir la crisis de ambiente?

El abuelo No, desgraciamente no. En general la gente solo pensaba de dinero y eficacia en la vida diaria. La no creía que el calentamiento global era real. Este ha causado a daños ambientales irreparables y Venecia es un ejemplo.

Ahora Marcelo no está aburrido. Está enfadado. Enfadado con la humanidad y los generaciónes anteriores. ¿Comó podían sentarse y mirar que el mundo se estropeía? ¿Por qué no hacían nada para ayudar?

Marcelo Tú generación era ciega

 

Irma Hellman

Un cuento

* ¡Luis! Tienes que despertarte ahora mismo, no puedes dormir todo el día.

Abrí mis ojos rápidamente cuando oí la voz de mi madre y me levanté de mi cama. No me sentía demasiado cansado ya que anduve a la ventana y entreabrí la cortina. Fuera vi un millón de coches, todos tenían prisa e iban con una velocidad como locos. Si no se conducía se iba con los autobuses o los taxis. Hoy en día nadie va a pie a los colegios o a los trabajos. Sinceramente nadie ha ido a pie a algún lugar hace muchos años.

Mi madre y yo vivíamos en el centro de la ciudad y aquí era muy peligroso andar fuera tanto tiempo debido a las emisiones de carbono. Todo lo que podía ver ahora, a traves de mi ventana, era en sombras distintas de gris. El cielo era gris, las nubes eran grises, los arboles eran grises, las casas estaban gris aunque eran coloridas cuando mi madre era pequeña. Yo sé, porque ella me ha contado que hace mucho tiempo, los niños jugaron en los parques. Parques que consistían de árboles y arbustos que llevaron frambuesas y otras bayas. Nunca he probado frambuesas pero mi madre las ha probado y ella me contó que eran las bayas más ricas del mundo. Tambíen ella me contaba que durante la mayoría del año el sol soliá iluminar el país. Querría conocer el sabor de las frambuesas y querría sentirme el sol a mi piel. En la actualidad no he visto el sol hace muchos meses y nunca sentí el calor de los rayos del sol. Levanté la vista al cielo y de repente vi las nubes, se mudaron y una luz cuidada apareció entre las nubes. ¿Puede ser el sol?

Corrí abajo por la escalera y a través de la puerta de la casa.

* ¿Luis? ¿A dónde vas?

* Es un día maravilloso. Quiero encontrarlo. ¡Hasta luego! Le respondí rápido porque no querría perder el momento de ver el sol.

Salí de mi casa y me encontré con la ciudad estresada. Como siempre, los coches iban rápidamente en las calles. Como siempre, un humo gris, casi negro, y grueso iban lentamente al cielo. Mi mirada siguió el humo hacía el cielo y busqúe la luz débil justo a mi lado derecho. ¿Puede ser el sol? Empecé a andar contra la luz en un calle pequeña donde no había ninguna persona conduciendo. En el sitio, la gente iba en bicicletas. No he visto bicicletas hace muchos años. Ahora la luz era más distinta y me di cuenta de las flores en diferentes colores en los balcones de los apartamentos encima de mi cabeza.

* ¡Hola chico! ¿Adónde vas? ¿Quieres ir conmigo? Un hombre que iba en bicicleta me llamó.

* ¡Hola! Me voy a la luz en el cielo. ¿La ves? ¿Crees que podría ser el sol?

* A ver, no sé. ¿Quieres ir conmigo en la bicicleta? Esta calle es muy larga, te llevas a la luz.

* Ah sí, entonces quiero ir contigo. Muchísimas gracias.

Me puse en el estante de su bicicleta y fui con él por la calle larga. De repente las otras personas que iban en bicicletas, iban con nosotros. Estaban muy alegres. Me contaron cuentos sobre un país lejano donde todas las personas y los animales eran felices. Su alegría me hacía feliz.

Dije ‘gracias’ al hombre y los demás. Iban a ir a otro sitio y yo seguí a la luz que estaba en frente de mí y ya era un poco más clara. Empecé a andar en un camino pequeño que me llevó a un bosque. El bosque tenía árboles más coloridos en verde que los que estaban en la ciudad. De repente vi algo que hacía movimiento entre las ramas de los arboles e igualmente de repente, alguíen me llamó.

* ¡Luis! Alguien gritó mi nombre.

* ¡Luis! Ven! Ayúdame, por favor.

* ¿Quién eres? Yo respondí. Pensaba que esta situación era un poco misteriosa.

* Aquí, en el bosque. ¡Ven!

La voz era amable y por eso anduve entre los arboles contra el sonido de movimiento. Pero tenía un poco de miedo.

Después vi una chica, de la misma edad como yo.

* Luis. Me llamó con su voz amable. ¿Puedes ayudarme?

Detrás de la chica, más niños llegaban. En sus manos tenían bolsas de basura.

* ¿En qué puedo ayudaros?

* Recogimos botellas de plástico y otra basura que la gente han tirado aquí en lugar de tirarlas en las basuras.

* Os ayudo, por supuesto.

Recogíamos botellas de plástico y otra basura en el bosque. Los niños estaban hablando sobre un país lejano donde la naturaleza era tan bonita, nadie podía creer sus ojos. Me preguntaba si hay un sol en este país. Levanté la vista contra el cielo. Ahora la luz era más clara. En el camino al sitio donde se recicla, oí sonidos del bosque. Dí la vuelta y sin duda vi un millón de mariposas. Volaron contra nosotros, siguieron a través del grupo de niños, entre otros yo mismo. No teníamos miedo, las mariposas eran bonitas y crearon un camino de alas de mariposas en frente de nosotros. En frente de nosotros también, había la luz en el cielo y el cielo era un poco menos gris ahora. Luego fuimos a reciclar la basura fuera del bosque en unos basureros grandes. Un basurero para las botellas de plasticó, uno para vidrio y uno para papel.

La chica me dijo ‘gracias’ y ‘adiós’ porque ella y los otros niños iban a un otro sitio que yo. Sin embargo, ahora estuve en un paisaje de prados verdes, algunos con muchas flores y era un paisaje maravilloso. También vi una luz más clara que antes en el cielo. ¿Pudo ser el sol? En unos lugares en los prados habían plantas eólicas muy altos. Las plantas eólicas parecían como molinos porque tenían maquinas que hacían hilado.

* ¡Hola chico! ¿Qué hay? Ya dos jóvenes estaban en mi lado, un chico y una chica, ambos tenían pecas en sus caras, y me llamaron.

* ¡Hola! Veo el paisaje, es maravilloso. Y el sol también. ¿Habéis visto el sol?

* Claro, el sol siempre está aquí. ¿Estás sorprendido al ver el sol?

* Nunca he visto el sol tan claramente como hoy. Los dos jóvenes intercambiaron una mirada y después sonrieron a mí.

* Vamos a llevarte al sol. ¡Vamos!

Me fui con ellos. Caminábamos sobre el paisaje maravilloso y veía flores que nunca he visto antes. Oí abejas que volando en el viento débil pero, no sentí el calor del sol. El chico me contaba y explicaba sobre los tornillos. Estaban utilizados por energía y se llama eólica. Las plantas eólicas recogían la fuerza del viento y la convertían en energía. Tambíen la chica me contaba y explicaba sobre otros tipos de energía como la solar y la hidráulica con que los dos trabajaban en el paisaje.

* Utilizamos recursos naturales que hay en este mundo y con suerte habrá un futuro. Si no…

* ¿Si no qué..?

Ya los jóvenes no estaban por mi lado. Dí la vuelta. En frente de mí había un camino de piedra hasta una montaña pequeña y yo veía, en el pico de la montaña, el sol, grande y con todo su dignidad. Anduve con pasos pequeños y, cuanto más cerca del pico de la montaña estaba, tanto más sentía el calor del sol. Cuando llegué al pico de la montaña, vi el cuadro más bonito que jamás había visto. Pero no era un cuadro, era la realidad. El mundo real con todas sus capacidades. Oía pájaros que cantaban. Veía personas y animales en los prados que eran tan felices. La naturaleza era completa de colores, árboles y flores maravillosos. Y el sol calentaba el mundo. Finalmente veía y sentía el sol, y yo era feliz.